El EVA como base de un sistema de gestión financiera centrado en la creación de valor

agosto 2021

El EVA es una métrica de desempeño basada en el valor resultante de comparar la rentabilidad obtenida por una empresa con el costo de los recursos gestionados para conseguirla.  Si ésta logra una rentabilidad mayor al costo de los recursos empleados, el resultado será positivo y se habrá creado valor para sus accionistas.

Constituye por ello un indicador que contribuye a minimizar el conflicto de agencia, que surge de la divergencia de intereses entre los accionistas y los directivos que contratan para gestionar sus empresas.

Conceptualmente, el EVA puede definirse como lo que queda una vez que se han deducido, de los ingresos, la totalidad de los gastos, incluidos el costo de oportunidad del capital y los impuestos.  Es decir, el valor que queda luego de atenderse todos los gastos y satisfecho una rentabilidad mínima esperada por parte de los accionistas, diferenciándose del beneficio contable en los siguientes aspectos:

  1. Considera el costo de toda la financiación utilizada, incorporando así el factor riesgo en el procedimiento de su medición, dado por el costo de capital de los recursos gestionados.
  2. Considera sólo los resultados ordinarios, ya que los extraordinarios pueden desvirtuar la evaluación de la gestión de los cuadros directivos de la empresa.
  3. No está limitado por las normas de valoración contable, ajustándose las partidas de la cuenta resultados que pueden distorsionar la medición del valor creado (como amortizaciones, provisiones y gastos de investigación y desarrollo, entre otros) para obtener un resultado neto real.

Para su determinación se procede de la siguiente manera:

Si bien podemos calcular el EVA para la empresa en su conjunto, como métrica del valor añadido o agregado al cierre de un ejercicio económico,  su mayor utilidad se deriva de su utilización como métrica de desempeño y herramienta de gestión, por su contribución a:

  • Una mejor evaluación de la gestión del personal directivo, al poder calcularse por unidad de negocio, centro de responsabilidad, procesos, filiales o cualquier otra parte que esté dividida la empresa.
  • Una mejor asignación de recursos, ya que permite conocer en qué partes de la empresa se crea o se destruye valor, haciendo que el personal directivo se preocupe tanto del beneficio como de los activos que gestionan.
  • La creación de una cultura empresarial consciente del valor, haciendo que los directivos y empleados participen activamente en la tarea continua de agregar o generar valor.

El EVA, por consiguiente, al hacer que el costo de capital de la empresa quede explícito y medir el valor agregado al valor de los recursos gestionados, reúne las condiciones ideales como indicador financiero de medición del desempeño, que permitiría a los accionistas decirle a los directivos “se les recompensará si, y sólo si, consiguen obtener por lo menos el costo de capital con sus nuevas inversiones, y si incrementan el valor económico del capital existente”.

Su utilización, como métrica de desempeño y herramienta de gestión, implica para la empresa la necesidad de:

  1. Desarrollar y sistematizar la aplicación de la metodología para la determinación del EVA, por cada unidad que gestione recursos de la empresa.
  2. Estructurar un sistema de bonificaciones de gestión con base en el EVA, como complemento a los sistemas de incentivos vigentes.
  3. Establecer un sistema de gestión financiera basado en el EVA.

En DNC estamos prestos a acompañar a las empresas interesadas en la implementación del EVA como base de un sistema de gestión financiera centrado en la creación de valor, proceso que comprendería cuato fases de trabajo conjunto con sus cuadros directivos:

Jonny Mayandía Bellido
Economista, MBA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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